con jota
El pronóstico anunciaba cielo nublado con 14° de minima. Todo hacia suponer que el agua iba a estar fresca. Ante la falta de neoprene, Alberto Jorge Mereghetti me había conseguido unto de chancho (algo asi como grasa de chancho) para evitar el frio. Hasta el día de la carrera pensé que no lo iba a tener que usar. No sólo lo tuve que usar sino que el agua estaba más fresca de lo previsto. El remedio casero funcionó pero el frío llegaba y las primeras brazadas costaron pero recordé las palabras de Ever Moriena, quien había nadado el día anterior: estaba fresca pero después de un rato el cuerpo se acostumbra. Fue así nomás pero había sectores que se hacia sentir un poco más que otros. Tomé otro recaudo, encintarme las manos para combatir el frio y poder mantener a mano cerrada para conseguir mejores brazadas.
La primera vuelta del circuito (hicimos 3 de 1300 m aproximadamente) fue complicada. Quedé último después de la segunda bolla. La cabeza funcionaba a mil porque había momentos que se hacia complicado mantener el ritmo y poder orientarme. Dos cosas fueron fundamentales: tranquilizarme y confiar en mi entrenamiento, por un lado. Eso me hizo decirme: No vine hasta acá para quedarme en el agua! Fue un momento que me cambió la cabeza. La segunda fue el kayak de la organización que me acompañó hasta que pude completar la primera vuelta. Fue pegado y me marcaba el rumbo. Hizo que me olvide de preocuparme por la orientación. Salí del agua buscando a Paula Kreitz hasta que se dio cuenta que la buscaba. Le pedí que me trajese el Algispray. Me había empezado a doler el hombro izquierdo. Dolencia que me acompañó durante todo el entrenamiento. Tomé frío pero valio la pena.
Comencé la segunda vuelta y sentí que se me había dormido el pie derecho. La segunda vuelta la hice muy confiado. Pasé las dos primeras boyas muy bien y usando crol casi exclusivamente. La distancia mayor estaba entre la segunda y tercera boya. Cuando estaba llegando a esta última, cambió el viento y sentía que nadaba y no avanzaba. Estaba siempre en el mismo lugar. Fue el momento que recordé los consejos de mi amigo Ale Haim para nadar en el mar. Nadé en diagonal y llegué perfecto. El dolor del hombro había desaparecido pero el pie derecho seguía dormido. Llegué y Paula salió a mi encuentro. Le pedí aceite verde y un gel. El aceite revivió mi pié y el gel me dió más energía para la vuelta que faltaba.
Comencé la tercera vuelta sabiendo que estaba a mi alcance completar la etapa. Muy confiado, encaré la primera boya. Nadé rápido, con ganas. Los beneficios del unto de chancho me abandonaron en esta vuelta pero ya tenía identificado los sectores donde el agua estaba más templada y en cuales estaba fresquita. Entre la primera y segunda boya estaba las zona más fría. La pasé muy tranquilo y rápido. La tercera llegué bien y la pude superar. Fue un envión anímico importante porque superando esa boya, la llegada estaba muy cerca. Decidí rezar. Todo el trayecto entre la tercer boya y la llegada. Agradecí a Dios y a la Virgen por haberme acompañado. A mi viejo que es mi angel de la guarda y a todos aquellos que me habían acompañado y que, en ese momento, también estarían orando porque me vaya bien.
Llegué con mucha emoción. Fui el último en salir del agua. Al lado de mi bicicleta estaban atendiendo a un competidor con hipotermia. Estaba envuelto en un frazada tiritando y había usado traje de neoprene.
Arranqué la etapa de ciclismo muy motivado pero sabiendo cual era mi objetivo: llegar antes del horario límite. No corría contra nadie sino contra mi mismo. Mi confianza radicaba en mi entrenamiento. Sentí el peso de las piernas. No me preocupó porque sabía que podía pasar y que iba a ser transitorio. Lo mismo me había pasado en la 301k. Llegué al primer puesto y encaré la primer vuelta. Eran seis.
A lo largo del recorrido de 26k había tres puestos de hidratación. Tenían todo lo que podía necesitar, sobre todo una excelente onda. Siempre me recibían con una sonrisa y se esmeraban por atenderme. Cuando llegué a la entrada de Villa Río Hondo había un montón de gente alentando a los atletas pero tuve la felicidad de encontrarme con Jorge Rodriguez, quien había viajado desde Tucuman para alentar a los atletas de la 602 que participaban. A puro grito de aliento Jorge Ariel Rodriguez estaba ahí. Esta fue la única etapa donde no pudo estar Paula por falta de logística.
Cuando pegué la vuelta y estaba por llegar a la entrada de villa Río Hondo, decidí probar el plato grande y se salió la cadena de la bicicleta. Demoré poco en arreglarla pero nunca más volví a cambiar de plato en la etapa. Tenía las manos llenas de grasa y todavía no había empezado a comer. Paré en e puesto que estaba a mitad de camino y me lave (como pude) las manos. Se fue el asco y mi obsesión por las manos limpias. Comí de todo con bastante grasa en las manos.
Cada vuelta me cruzaba con Ever Moriena y con Sergio Centeno. Ambos me alentaban siempre. Fueron un gran apoyo en las subidas y bajadas en solitario. La segunda vez que me cruce con Ever le grité: Atención que pasa un bravo del 25! Ever no solo es atleta, es veterano de guerra de Malvinas pero sirvió en el Regimiento de Infantería 25. El regimiento que más daño le causó a los británicos. Fueron los culpables que el comandante inglés decidiese evitar ingresar a Puerto Argentino por la zona del aeropuerto para evitar al 25. Seguramente, esos 17 meses en el 25 le moldearon el temperamento. Es un placer verlo en plena competencia. Serio pero capaz que sacarte una sonrisa y motivarte en cada encuentro. Sergio Centeno es otro ejemplo que me gustaría imitar. Profesionalismo y mucho amor al deporte. Sus gritos de aliento se sentían en cada vuelta y como me levantaron. Me hacían sentir acompañado.
Fueron siete horas y media (7.33 hs para ser exactos) arriba de la bici. Después de la tercer vuelta el sol se hizo sentir, así que paraba en casi todos los puestos a tomar agua fresca y mojarme la cabeza. en el km 90 aparecieron los dolores de espalda. Use el algispray en dos vueltas y santo remedio. En la cuarta vuelta decidí regalarme mi premio: un sandwiche de jamón y queso preparado con mucho amor por Paula y una coca muy fría. Me senté en el puesto y comí tranquilo. Hice media hora menos de lo que tenía previsto. También había entrenado mi cabeza en el parque sarmiento, asi que no tuve problemas en ello. Me divertía gritándole a los gallos “Cavegol” y “Ponzio” y a los cabritos les inventaba sobrenombres. Una vuelta la grite a un gallo: Cavenaghi!!! Y un grupo de santiagueños no me miró con cara de buenos amigos. Encima tenía que bajar la velocidad y pasar una loma de burro. NO iba a ser fácil convencerlos que no era de Boca jaja. NO pasó nada y seguí adelante.
Paré en el último puesto para despedirme de quienes atendían el mismo. Fue cuando me enteré que estaba por delante de tres competidores.
Llegué al parque cerrado y me estaba esperando Paula. Necesitaba verla, la esperaba. Era mi gran apoyo. La organización me acomodó la bicicleta y Paula me ayudó a cambiarme. Tardo mucho en las transiciones porque necesito mucha preparación. La novia de Ever, Carolina, estuvo todo el tiempo acompañándola. Preparé todo, me cambié de ropa y encaré la primera vuelta con mi mp3 a full. Salí cerca de las 18, por lo que iba a tener solo una hora y cuarto de sol. Mientras estuvo, se sintió.
Apenas salí me cruce con Jota Juan Jose Sirimaldi que estaba terminando. Otro de los amigos de la 602k a quien aprecio mucho y de quien aprendo mucho más. Me había ayudado con el armado de la bici y siempre me da consejos. Es un groso. Como persona y como atleta. Me puso muy contento que estaba terminando en el tercer lugar en la general. La familia Sirimaldi también me alentaba.
Tanto Ever como Sergio y yo, corriamos con la lycra de la 602 y de la 301. Era una alegría verlos llegar y saludarnos. Esta etapa me permitió hacer nuevos amigos. Nicolás, quien corría con su novia y nos habíamos conocido en el aeropuerto. Maxi Bossio, a quien había conocido en Facebook pero recién personalmente en la carrera. Cintia Placente siempre saludaba con una sonrisa y pulgar arriba. Las piernas pesaban un poco pero estaba acostumbrado en los entrenamientos que ese estado duraba 20 min aprox. Fue asi. Me comencé a soltar y terminé la primer vuelta en menos de 1h 05m. Iba rápido según mi planificación. El circuito estaba dividido en dos partes y teníamos que hacer cuatro vueltas. Pasé ocho veces por el lugar donde estaba Paula. Fue fundamental. Lo que pensé que me iba a quemar la cabeza por pasar varias veces por ese lugar. Nada que ver. Sabía que llegaba y estaba ella esperando. Me asistia y me despedia con un beso y un te amo! Me daba energía. Para alcanzar el último puesto antes de completar la vuelta, había que subir una cuesta muy empinada. Utilice la misma estrategia que en la 301. Las subidas pronunciadas se caminan. Para un maratonista seria humillante pero en esta carrera es estrategia. Cuando terminé la primera vuelta tenia el estómago lleno. No podía tomar ni comer nada. Me preocupé porque me había hidratado de mas pero decidí hacerle frente y cambié la estrategia. Iba a hidratarme en los extremos del circuito solo con sorbos de powerade y de agua. Funcionó a la perfección. El estómago se vació y pude incorporar geles y mas hidratación pero cuidándome porque el sol ya no molestaba.
Terminé la segunda vuelta y había completado la mitad del maratón. Iban 1h 20 min aprox. Le avise a Paula que este era el momento en el que empezarían a aparecer dolores, molestias, etc acumuladas de todo el día. Que no se preocupe si tardaba un poco más. Nada de eso pasó. Terminé la tercera vuelta muy motivado y sorprendido a la vez. No había tenido ningún calambre, ningún tirón. No tenía dolores y estaba entero. Muchos corredores caminaban, elongaban o los masajeaban. Cuando estaba terminando la vuelta prendieron las luces y prepararon todo pensaba que terminaba pero faltaba una. Le pedí a Paula atomo desinflamante para prevenir alguna lesión. Me pase en las pantorillas y en las piernas. Se acercó Leonardo Garcia y me motivo más todavía. EL y Paula me animaban mucho. Estoy esperando encontrar el muro les dije. “El muro ya lo pasaste. Estas entero. Hace esta vuelta para disfrutar. Repasá todo el dia, disfrutala que ya estas cerca”. Salí con el pecho inflado de motivación después del beso y el TE AMO de Paula. Me despedí de cada uno de los chicos que atendían los puestos de hidratación y seguí camino. Volví a pasar por el lugar donde aguardaba Paula y le pedi que me espere unos metros antes con la camiseta de ALDOSIVI. Encaré los últimos kilómetros repasando todo el día, teniendo muchas sensaciones inexplicables. Recordé lo que había pasado en el agua. Como lo había superado y cuando estaba por encarar la recta final, encontré a otro corredor que lo acompañaba su esposa. Lo había visto caminar unos metros antes pero ahora estaba trotando. Le toque el hombro y le dije: “Ves esas luces verdes? Quiere decir que lo vamos a lograr. Estamos muy cerca de hacerlo. Felicitaciones!” Se le ilumino la cara y me respondió: “Lo vamos a lograr! Felicitaciones!”. Pasé la última rotonda y comencé a rezarle a mi viejo, mi ángel de la guarda; a la virgen por haberme acompañado y protegido durante todos los entrenamientos y en la carrera.
Ahí estaba ella con el pedido pero lejos de la meta. Paula me acompaño trotando hasta la meta con la camiseta de ALDOSIVI. Llegamos juntos porque ella entrenó, vivió y sufrió cada metro conmigo. Sin su apoyo hubiese sido imposible encarar este desafío y superarlo.
También quiero agradecer a Gastón Olivera, entrenador de Marcelo Linck, quien hizo lo imposible. Me entrenó duante menos de 2 meses para llegar a esta carrera. Alberto Meregheti que me recuperó semana a semana y me consiguió el unto de chancho. A todos y cada uno de mis amigos que me comentaban los post de los entrenamientos y los que siguieron los avances de la carrera. Nada hubiese sido posible sin uds. Han sido un apoyo anímico fundamental! Gracias!!!