Introducción

 

Desde que conocí la 602kfue amor a primera vista. Su formato de 3 dias, compartir el hotel con todoslos participantes durante 4 dias, las distancias, la selección de losparticipantes, todo. Una vez que volví a la realidad y puse los pies en latierra me dí cuenta que me resultaría imposible. Igualmente, empecé a entrenarcon la mente en esa carrera.

En agosto nació la 301k.Mi sueño estaba más cerca. Me anoté sin dudarlo. Nunca había hecho un triatlón,no tenía bicicleta pero me sobraban ganas. Hacía más de 3 años que no sentíaalgo similar por una carrera.

Me fui armando de a poco. Llegó la bici a casa de la forma menos esperada. Augusto Soria, amigo de lafacultad, me presentó a MARCELO ALEXANDRE. Lo pongo con mayúscula porque es ungrande del ciclismo. A través suyo llegué a José Palma, quien me armó la bici(alias “La Gringa”), me proveyó de gran parte de los elementos de ciclismo yfue fuente de consejos a la hora de pedalear. José fue subcampeón del mundo deciclismo.

Luego de correr el Maratón de Buenos Aires, me costó más de la cuenta la recuperación pero a finesde noviembre empecé nuevamente a entrenar con la cabeza en la 301k. Sin unplan, en forma intuitiva.

En diciembre tomé la decisión de contar con ayuda experta para armar un plan de entrenamiento. Fue así como a fin de año me reuní con el Ing. Alejandro Haim. Amigo, docente,investigador de la facultad pero también entrenador de triatlón! Luego deresumirle la carrera su reacción fue: “estás loco. Esta carrera no se puedepreparar en 2 meses”. Finalmente, lo convencí que me confeccione un plan deentrenamiento porque estaba decidido a realizar la carrera y a entrenar lo duroque fuese necesario.

Pasaron dos meses y mediode entrenamiento. Completé 39,5 k de natación, 1250 k de bici y 281k de run. En el medio, mi amor Paula Kreitz, me acompañó en mi locura. No sólo bancándomelos entrenamientos sino en aceptar ir de vacaciones a Villa General Belgranopara que pueda entrenar en los circuitos que iba a competir.

Sólo una lesión en el hombro izquierdo me tuvo a mal traer desde mediados de enero pero nada importante que pudiese poner en riesgo mi participación. Alberto Meregheti, amigo del arbitraje y excelente terapeuta, se encargó de que llegue en las mejores condiciones.

Desde mediados de febrero comencé a compartir mis entrenamientos en facebook. El apoyo de mis amigos fuefundamental. Fue un prólogo de lo importante que serían en cada día de carrera.

Una semana antes deviajar experimenté el mismo sentimiento que cuando salía sorteado en unpartido trascendente en la 1era D. Cuando me enteraba de la designación erapura alegría. A medida que se acercaba la fecha aparecían algunos fantasmas:podré dormir bien la noche anterior? Qué pasa si llego cansado al partido y nopuedo correr lo suficiente? Todo eso desaparecía cuando llegaba a la cancha,veía ingresar al público, el marco de las tribunas, los cánticos. Todo ello meiba inflando el pecho de emoción y ganas de entrar a la cancha. Cuando entrabajunto a mis asistentes era otra persona. Había llegado el momento de la verdad,con el que había soñado en cada entrenamiento. A partir de allí, debíadisfrutar.

Exactamente lo mismo quela 301k!

 

Carrera

Día 1

 

Previa dia 1 301k

 

Llegó el día. Desayunamos 5.30, cargamos las bicis en las camionetas de la Municipalidad a las 6.30, alas 7 hs estábamos partiendo hacia el Lago Los Molinos.

Desde el momento mismo dela llegada al lago fue cómico. Todos los participantes colocándose el traje de neoprene, asistiendo a otros compañeros en la tarea, cada uno con su espacio para dejar sus elementos de la natación. En realidad, todos menos uno. Cuando me saqué la campera sentí la mirada del resto porque iba a nadar sin traje. Más de uno habrá pensado que era estrategia. La realidad es que no tenía y no había comprado uno por su alto costo, solo para usar en una carrera.

Ubiqué mis elementos en el lugar asignado y me acerqué al agua esperando que se haya cumplido el presagio de Ever que la misma estaba calentita. Así fue, por suerte.

Nunca había nadado fuera de la pileta donde entreno. Mis fantasmas estaban presentes en la natación. La noche anterior Juan José Sirimaldi alias “El mudo”, me había dado algunos consejos que fueron muy útiles en plena competencia.

Llegó la señal de la largada después de la arenga de Ever. Todos a nadar. Al principio me golpeé con alguno pero nada de importancia. Tardaron poco en desaparecer de mi vista las manos en el aire y la espuma del lago que provocan 23 personas nadando. Quedé en el último lugar cómodo. Tal como estaba planificado. Nadé 500 metros con mucha confianza hasta que empezó a ingresar agua en las gafas. Empezó y no paró de entrar hasta que casi estuvieron llenas. Faltaban 2000 metros para salir,estaba solo y no veía casi nada. Me pasaron tantos pensamientos por la cabeza en tan poco tiempo pero los voy resumir: vuelvo, tiro las gafas y me banco el resto sin nada, me acerco a uno de los barcos flotantes y me agarro de un extremo para ayudarme. Todas fueron desechadas. Quise hacer pié como si estuviese en la pileta. Obvio, sin resultado. Me acordé de los consejos de “El mudo” y no me desesperé. Intenté mantener la calma. Empecé a nadar pecho y, de esa forma, el agua de las gafas molestaba menos. Nadaba más lento pero mejor.No veía casi nada tampoco pero era mejor. De repente, apareció el kayak salvador de Walter. Le grité que me había entrado agua en las gafas y me indicó que me agarre del kayak. Lo hice y me asistió para poder solucionar el problema.

La sensación que experimenté de sacarme el lastre del agua en las gafas fue genial. Pero no todo estaba solucionado, ya que estaba desorientado. Nadaba para adelante pero, en realidad, iba para el costado contrario donde tenía que ir. Walter y su kayak me orientaron para llegar a las boyas.

Cada vez que salgo a entrenar le pido a la Virgen María que me proteja y al finalizar le agradezco por hacerlo. Lo mismo hice cuando entré al agua y cuando estaba por salir rezaba en agradecimiento.

Pude completar la vuelta y al salir del agua y enterarme del tiempo que había hecho (1h 12 min), sentí que no estaba perdido. Saber el tiempo fue motivante. Gente del staff me convenció de cambiar mis gafas. Tenía dos de repuesto y lo hice. Elegía la queme acompañó durante casi todo mi entrenamiento. La segunda vuelta bajé casi 10minutos y nadé como si lo hubiese hecho toda la vida en ese lago y, sobre todo,en ese circuito.

Una de las emociones más fuertes de la carrera se produjo cundo me acercaba a la costa y estaba porfinalizar la segunda vuelta. Había vencido a mis fantasmas. Había corrido mi límite porque nunca había nadado más de 3000 m en entrenamiento pero, sobretodo, había superado los problemas que se me presentaron y había logrado el primer éxito, salir del agua.

Me cambié tranquilo ysalí en búsqueda de la gringa. Debía recorrer 1.500 metros hasta el parque cerrado pero hice muchos pero muchos mas porque me perdí. Alguien había dejadoun gatorade en el medio del camino y pensé que era la señalización de que habíaque doblar. Ese camino me llevó a encontrar la ruta casi 1000 metros a la izquierda del parque cerrado. Tardé una enternidad pero llegué.

Subimos a la ruta juntocon Abel Gelada, el bicampeón de la 602. El había llegado en el mismo tiempoque yo sin perderse pero había hecho el doble de distancia en el agua. Unpequeño detalle.

Cuando ingresé al caminoque conduce a la rotonda de Los Reartes para enfrentar las pendientes,experimenté el segundo problema, no entraban los cambios de los piñones másgrandes. A diferencia de las gafas, no había forma de solucionarlo. Hubo quehacer mucha más fuerza en las pendientes. Tanto que Juanjo me gritó en unasubida que cambie de piñón por la cara de sufrimiento que transmitía.

A la altura del km 20 apareció mi característico dolor lumbar que suele acompañarme después del km40/50. Nunca antes! En la carrera todo cambia. El dolor era cada vez más fuerte.

Tarde un poco mas de 2 horas en llegar hasta el retome. Mucho más tiempo delplanificado. Frené y le pedí a Walter que me coloque el Algispray (frío enspray) que llevaba en la mochila. A los jugadores los revive. Repetí la aplicación en los próximos dos retomes porque el dolor no cesaba.

Terminé la etapa en 8 h23 min, con lo cual tuve que usar el tiempo bonus. Seguía en carrera pero noera una buena noticia. Al finalizar el día me daría cuenta que había sido positiva porque al otro día tendría revancha y dos competidores habían quedadofuera de la carrera. Uno porque rompió la cadena de la bici y otro por tiempo. Quedamos 6 y había quedado en un cómo sexto lugar. Pero estaba vivo.

Tuve la suerte de compartirla sesión de masajes con Sebastián Maldonado y con Abel Gelada. Abel nos llenó de consejos de nutrición, los cuales aplicamos al otro día. Cuando les comentéel problema que había tenido con los piñones, me dijeron que se podíasolucionar. Sebastián me hizo traer la bici, la revisó pero no pudo solucionar el problema completamente. Por poco me obligó a llevar la bici a labicicletería con su auto. Estaba muerto después de los masajes y eran casi 20.15. vamos dijo Sebas. Fuimos, la solución era cambiar el fusible o la patade cambios pero ninguno de los dos repuestos estaban disponibles en la bicicletería “Cerro Negro”. Igualmente, me solucionaron el problema y no mequisieron cobrar nada!!!

Si no Sebastian nohubiese insistido y sin la predisposición del dueño de Cerro Negro, nuncahubiese podido afrontar la etapa 3 con confianza para encarar las pendientes dela ruta.

Día 2

La noche anterior estaba preocupado. Si había hecho un promedio de 2hs en cada vuelta y el sábado teníaque afrontar 4 vueltas, no tenía margen para fallar. No podía cansarme y tampoco parar! A esto le sumaba la falta de utilidad de los piñones más grandes.

En la cena le expresé mipensamiento a Leo García, quien me tranquilizó. Me dijo, el agua te quitafuerzas, mañana vas a pasar la etapa con tranquilidad. No te preocupes, te va asobrar tiempo.

Nuevamente, desayunamos temprano y a las 8 teníamos que partir. A las 7 se largó una lluvia torrencial,la cual nos acompañó con diferente intensidad en toda la etapa.  Volvieron mis fantasmas porque una sola vezhabía pedaleado con lluvia en el parque sarmiento. Obvio, hice unas cuadras yme quedé bajo techo hasta que paró. Cómo iba a reaccionar la gringa (tiene gomas lisas) en el asfalto mojado? Iba a poder controlarla con piso mojado ybajo lluvia? Pronto me daría cuenta.

Salimos a las 8 hasta larotonda de Los Reartes. La consigna de la organización era ir todos juntos la primera vuelta por la baja visibilidad. El ritmo tranquilo del resto era mi99%, asi que no hablé mucho. Cuando pegamos la vuelta, me aparecieron fuerzasque no pensé que tenía y alcancé velocidades que no había logrado el díaanterior. Rápidamente, me di cuenta que podía dominar la bici con la lluvia. Medio mucha seguridad. La primer vuelta fue fundamental para ganar confianza ydemostrarme que podía. Tardé 1 h 34 min! Chau fantasmas otra vez! Gracias LEO!Tenías razón! Aproveché el tiempo a favor y paré a cambiarme la remera térmicay la musculosa. Apenas paré se me acercó la esposa de Abel y me ofreció café. Acepté y cuando tomé la taza recuperé la temperatura de mis dedos. Volví a laruta muy motivado.

La lluvia no cesaba y elfrío jugaba un papel importante en la carrera. Sobre todo en los pies y en lasmanos. No tenía zapatos con trabas sino zapatillas y estaban empapadas. Tampocotenía medias de repuesto. En esta vuelta apreció un nuevo amigo, la niebla. Enla parte superior del circuito nos acompañó las 3 vueltas restantes. Terminé lasegunda vuelta en 1 h 40 min. Venía tan motivado y confiado que decidí no parary encarar la tercera vuelta sin cambiarme la ropa mojada.

Llego al puesto delretome donde se encontraba Walter. Confinado en soledad en medio de la lluvia,nos hacía el aguante en cada vuelta. Cada vez que veía el auto era puraalegría. Siempre alentando pero en la tercer vuelta me gritó: “qué te pasó qué estas pedaleando en zapatillas?” hasta ese punto nos cuidaban los miembros del staff.

Durante las vacaciones había entrenado en ese circuito. Eso sumado a la etapa 1 hacia que tuviese un conocimiento casi milimétrico del mismo. Podía anticiparme y, sobre todo,tenía referencias sin mirar la computadora de cuanto faltaba. En una de esasreferencias, no ví el cartel de la estancia de los mirlos. Eso indicaba queestaba a 4 km de la rotonda de Los reartes. Venía a 40 km/h (en bajada) cuandome di vuelta para observar el cartel. Cuando quise volver la vista al frente,la gringa se ladeó hacia la banquina y mordió el asfalto. Caímos los dos sobrela ruta. Por suerte no había tráfico. Raspones y un golpe en las costillas quevolvería mas adelante. Me levanté rápido. Estaba pasando un competidor que sedetuvo y preguntó por mi estado. Sinceramente, estaba más preocupado por labici que por mis costillas. La gringa estaba ok, asi que seguimos bajando.

Los muchachos del cronómetro sabían de mi preocupación por el tiempo, así que cuando paségritaron un glorioso 5 h 16min!!! Tenía 2 h 44 min a favor para hacer unavuelta!!! Paré a ponerme algispray en las costillas, tomar café y recuperar lasensibilidad de los dedos. A pesar que los movía durante la carrera parafavorecer la circulación, el frío era intenso y los congelaba. Me volví acambiar la remera térmica y la musculosa.

Encaré la cuarta vueltamuy feliz. Estaba a un paso de terminar la etapa 2! Subí paseando, literalmentepero bajé fuerte. Cuando llegué al “Puesto Walter”(había dejado de llamarseretome para mí), le grité: “no te vuelvo a ver nunca más”, el cual fue respondido por un grito de felicitaciones que me hizo estremecer de alegría.

En todas las vueltas huboun corredor que siempre me alentó cada vez que nos cruzábamos. Siempre mellamaba por mi nombre. El “Vamos ALE” resonaba con fuerza desde la bici que comandaba Abel Gelada. Nuestro GRAN CAMPEON. El campeón, el Nro. 1, alentaba alúltimo, SIEMPRE! Con casi todos nos saludábamos cuando nos cruzábamos pero elsaludo de Abel era diferente para mí porque siempre hacia referencia a mi nombre. Así me lo hizo sentir y vaya si tuvo efecto!

La niebla había desaparecido en la bajada y tampoco me había visitado el dolor lumbar, a pesarde los 150k de la etapa. Crucé la meta y me sobraron un poco mas de 40 min!Estaba más vivo que nunca en mi carrera contra mí mismo. Los límites se volvíana correr.

 

Dia 2 301k

 

Día 3

 

Soñaba con que llegueeste día. Era pura confianza porque el running es mi fuerte.

Muchos corredores mefelicitaban y preguntaban como estaba. La respuesta se repetía: MUY CONTENTO. El objetivo estaba casi cumplido. Faltaba muy poco para hacer realidad elsueño.

La noche anterior repetíel ritual de ordenar la indumentaria, preparar la hidratación y la comida.

Me levanté a las 5 parabañarme y desayunar. El día estaba fresco y nublado. Ideal para correr.

El recorrido original dela 3era etapa era ideal para las zapatillas que uso con la bici pero estaban empapadas! Obvio, no se secaron y tenia que usar las “muleto”. No son otra cosaque un par de ADIDAS BOSTON BOOST. Son más nuevas y mejores que las otras perosirven para asfalto solamente.

Por la lluvia del díaanterior, la organización decidió modificar el circuito por otro netamente deasfalto! Los 46k se iban a completar en cuatro vueltas de 10k y una mas chicade 6k. El cambio  vino genial para miszapatillas.

No había amanecido cuando Ever nos hizo formar un circulo y nos contagió con su tradicional arenga:“Llegamos como extraños, competimos como amigos y nos vamos como hermanos”.

Largamos puntual a las 7 por las calles de laVilla que, más que villa, parecía un desierto. Solo algún agente de tránsito.Apenas salimos, se desprendió un pelotón mixto de corredores de la 602 y la301. A 50 m venia yo. Tranquilo, buscando mi ritmo, el cual me había propuestomantener durante los 46k.

Es una carrera diferentea un maratón. Es más largo pero requiere otra estrategia. Caminar es unadeshonra para un maratonista pero en la 301k es estrategia para encarar las subidas.

Paula Kreitz y Javier Fernandez me habían preparado una lista de temas musicales muy motivantes. El problema fue que nopude regular el volumen del mp4 que había comprado el día anterior al viaje. Mecanse de tocar todos los botones y me aparecia cualquier cosa en la pantallapero el volumen no bajaba. Decidí correr así. Más tarde Sebastian me tendríaque avisar cuando venía un auto porque no escuchaba nada.

Cuando pasamos la mitadde la 1era vuelta, se fueron separando los líderes de la 602 y de la 301. Losque hicieron la 602 no son humanos pero el más extraterrestre fue Daniel Zelaya. Hizo 92 al mismo ritmo: 5,50 min/km!

Al margen de ello, seguímanteniendo mi paso hasta que lo alcancé a Sebastian Maldonado. Compartimos casi toda la carrera. Fue un gran apoyo y ejemplo. Logró completar los 46k con los gemelosmuy averiados. Eso es garra!

Aparte de Sebastián,durante la primer vuelta tuve la compañía del dolor de las costillas de lacaída del día anterior. Era un dolor fuerte y persistente. Por eso pare alfinalizar la vuelta para colocar el milagroso Algispray. Parte de mi estrategiaera parar todas las vueltas para cargar y renovar las botellas de hidratación.

Comencé la segunda vueltamuy motivado. Había encontrado el paso que me acompañaría durante casi toda lacarrera y me sentía muy bien. El dolor de las costillas había sido anestesiadoy desaparecería hasta la última vuelta.

Cuando trotaba por la Av.Champaquí, a metros de la bicicletería Cerro Negro, se me acerca un auto y mehace luces. Pensé que era alguien de la organización aunque no era un autoconocido. Detuve mi marcha y, para mi sorpresa, eran turistas que querían sabercomo llegar a La Cumbrecita. Les indiqué el camino y estuve tentado adescribirles la ruta desde la rotonda de Los Reartes hasta el retome pero optépor seguir en la carrera.

Con Sebastián nosseparábamos circunstancialmente cuando llegaban las bajadas porque el debíacuidar sus gemelos pero a mi me encantaba alargar el paso y bajar muy rápido.En una de esas bajadas a lo Usain Bolt iba a recibir el reto enérgico de JJSirimaldi: “las rodillas, Alejandro!!!”.

Luego de pasar el puentede la calle Ojo de Agua, pasé frente a un maxikiosko en cuya puerta se encontrabandos señores y una señora tomando mate. Había poca gente en la calle aún. Losmiré para saludar y cuando me devolvieron la mirada, les pregunté: ¿Hay un matepara mí? Pero como no querido, fue la rápida respuesta de la señora. ¿Amargo?Si, gracias, contesté. Es que tenemos dos mates, uno amargo y otro dulce. Elseñor de la derecha me cebo el amargo, el cual tenía una cantidad importante deyuyos y tenía el agua tibia. Hice tripa corazón y tragué. Agradecí y seguí conla carrera.

Ese mismo puente pero enla vuelta tres, iba a ser testigo de otra parada técnica de orientaciónturística. Esta vez, estaba caminando la subida cuando frenó un Ford Ka y una señorita llamó mi atención para preguntarme si le podía indicar como llegar a Santa Rosa. Como buen caballero no podía negarme a orientarla, así que meacerqué y le dije como hacerlo. Por si alguno le interesa, era rubia, pelolargo, ojos azules y de unos 35 años. Venía acompañada por una amiga.Evidentemente, tenía pinta de habitante de la Villa pero no dejaba de llamarmela atención que me hayan parado dos veces siendo que llevaba la musculosa conel número de corredor.

Finalicé la terceravuelta y volví a parar para recargar la hidratación. Cada vez que lo hacía seacercaba un montón de gente a preguntarme que necesitaba. Que no me moleste queme lo alcanzaran. Familiares, amigos y corredores se desvivían para atender acualquier corredor que se detenía. Salí pensando en que km encontraría alfamoso muro. Ya habían pasado 30 km y estaba entero. Estaba entrando en laúltima vuelta larga, así que decidí olvidar ese pensamiento negativo y seguícon el mismo paso. Fue la vuelta que más disfruté.

Nuevamente me crucé conAbel Gelada. Ansiaba encontrarlo en cada vuelta para alentarlo: VAMOS CAMPEÓNse lo repetí en varias ocasiones. Para mi sorpresa y felicidad, en la entregade premios me dijo que ese aliento había sido muy importante para él. Lasoledad con la que corrimos en algunos tramos hace que cada palabra de alientote levante mucho.

También me cruzaba en losmismos lugares en cada vuelta con JJ Sirimaldi. Ninguno de los dos aflojaba.Parecíamos un relojito.

Al que veía cada vezmejor era a Daniel Zelada. Seguro que la próxima vez que lo veo viene más lentoo regulando, pensaba. Nada que ver, siempre igual. Parecía que recién habíaempezado a correr.

Mi admiración también sereflejaba en Leo García. Estaba corriendo los 92k aunque estaba fuera decompetencia, ya que había tenido que abandonar el viernes. Hay que tener muchotemple para correr sin el incentivo de la clasificación y de completar laprueba. Leo hizo todo eso.

Cuando me crucé a Everpor última vez, en el km 39, ya no lo pude seguir. Bajé el paso y completé lacuarta vuelta. Volví a parar para hidratarme cuando los organizadores meinformaron que la vuelta corta incluía volver a pasar por la ruta. Odiaba esetramo porque los autos no respetaban a los corredores y me había hecho la ideaque no volvería a pasar por allí.

En el km 42, justo cuandopasaba por el tramo de la ruta, empecé a sentir molestias en los cuádriceps yen los gemelos. Me empezaron a doler. Abandoné la ruta y los doloresdesaparecieron. Sugestión? Vaya uno a saber. Apenas un poco más lento pero sinmolestias. Cuando pasé por la plaza del barril me crucé con Ever que estaba terminado.Levantó la vista y me alentó una vez más. Ya lo había hecho en un retomeanterior. Llegué al hotel muy contento. Estaba a 2 km de mi sueño. Volví aparar porque tenía mucha sed y me había terminado la botellita que me acompañócada vuelta.

Cuando abandoné el puestode hidratación y me encaminé a recorrer los últimos 2 km, me emocioné mucho. Loestaba logrando. No había sido fácil. Fue el momento de agradecer a todosquienes hicieron posible que pudiese cumplir con el objetivo. Me volví a encontrarcon Walter, quien me acompañó tocando bocina con la camioneta, avisando que uncorredor estaba arribando a la meta. Algo que se repitió con cada uno denosotros. Desde ese momento que crucé su camioneta empecé a rezar enagradecimiento a Dios, a la virgen maría, a mi padre que me guía desde el cieloy a mi madrina. Me acordé de ellos en el agua, en la bici y, por supuesto, eneste momento tan especial no podían estar ausentes.

Cuando estaba por rodearla plazoleta del hotel, tuve la misma sensación que en 2008 cuando finalicé miprimer maratón. Había conocido la 301k y la 602k y ya nada volvería a ser igualen mi vida deportiva.

Llegué a la meta con labandera de la UTN Buenos Aires. Estaba tan emocionado que la mostré al revés! Abrazo interminable concada uno de los corredores y familiares presentes que estaban esperando millegada.

Durante la ceremonia deentrega de premios, la organización me entregó una mención especial por miparticipación en la 301k. Felicidad total. Primer triatlón, conocer gente tangrosa y, encima que me reconozcan el esfuerzo no tiene precio.

Durante la ceremonia usé por última vez la remera en homenaje al Comodoro Pablo Carballo, héroe argentino de la Guerra de Malvinas. Me acompañó en los 42k de Buenos Aires y en la 301k. Se la pienso regalar en la próxima Feria del Libro.

Gracias, mi amor Paula Kreitz por bancarme en los meses de entrenamiento. Por postergar horas juntos.Gracias Ale Haim, sin tu plan de entrenamiento no lo hubiese logrado. Gracias acada una de las personas que conocí este hermoso fin de semana. Todos meaportaron algo para que pueda completar la carrera más hermosa en la queparticipé hasta el día de hoy.

Límite? Cuál Límite?

 

llegada 301k