El pájaro de Jorge Oscar Soria

Durante meses había entrenado visualizando el momento de la llegada al cementerio. Me lo imaginé de muchas formas. Ninguna fue como se produjo.

Apenas vi la camioneta, empecé a gritar y a señalársela a Alejandro. Corrimos abrazados hasta fundirnos en un saludo eterno con José Luis. Lo habíamos logrado.

Ingresamos al cementerio. Colocamos otra tanda de rosarios muy emocionados. Cuando nos retirábamos, un pájaro se posó en una tumba. Se trata de un caracara. Nosotros los conocemos como aguiluchos. Empezó a llamar. Era insistente. Su pelaje negro y amarillo hacía muy fácil identificarlo. Su canto se hizo muy intenso. Subió a la cruz de esa tumba. Miraba a varios lados. Ninguno de los días anteriores habíamos notado la presencia de ningún ave. José Luis se acercó sigilosamente. Alejandro y yo volvíamos por el camino central del cementerio. El pájaro no se movía de esa tumba que se encontraba en primera fila. Un pensamiento invadió mi cuerpo y me dije: …”NO PUEDE SER, está en la misma zona que”…Miré hacia adelante y seguí caminando.

El pájaro miró hacia los costados y se fue. En ese momento, José Luis nos miró y rompió el silencio que nos había invadido producto de la sorpresa:

—Mirá que loco, este pájaro que vino a la tumba de un tal Soria—dijo José Luis—. Mi sospecha se había confirmado

—Es el soldado al que le dejé la carta ayer!!!

Los tres nos miramos y no hicieron falta las palabras para entender el significado de aquella visita inesperada.

Nota de La Nación sobre este hecho:

Una carta, una tumba y un soldado: la emocionante historia sobre las Islas Malvinas que une a dos desconocidos